Esto nunca fue solo sobre bizcochos.
Crecí esperando dos cosas cada cumpleaños: mi día… y el bizcocho de mi abuela. Ella no solo horneaba — hacía magia con sus manos, y sin saberlo me estaba enseñando a amar esto.
Hoy, cada bizcocho que hago lleva un pedacito de ella. De su dedicación, su detalle… su amor. Encontré su libro de recetas, y cada porción es una forma de mantenerla viva.
Es un legado. Y apenas comienza.
"Buenos ingredientes + amor = el bizcocho que no puedes dejar de comer."